Las batallas más emblemáticas en la historia militar mundial: Top 20 con criterios claros

Contenido del Articulo

Durante años escuché una historia contada desde Chile: un submarino peruano habría ingresado en sus aguas y terminado hundido frente a Valparaíso. Al episodio lo relacionaban con el llamado combate de Marga Marga, una supuesta operación secreta en la que habría desaparecido una dotación completa y el submarino peruano.

La historia tenía todos los ingredientes para sobrevivir durante décadas: submarinos, operaciones clandestinas, gobiernos silenciosos y una rivalidad histórica entre dos países. Pero cuanto más la escuchaba, más preguntas me hacía.

¿Qué submarino peruano había sido hundido? ¿Cuál era su nombre y su numeral? ¿Quiénes eran sus tripulantes? ¿Dónde estaban las familias de cuarenta, cincuenta o setenta marinos que nunca habrían regresado? ¿Por qué jamás se localizó el lugar donde está hundido? Y, sobre todo, ¿cómo era posible que un país pudiera esconder no solo la pérdida de una nave, sino también la desaparición de toda su dotación?

En mi caso, esas preguntas fueron el punto de partida. No quería sustituir una leyenda chilena por una leyenda peruana. Quería encontrar documentos y hablar con las personas que todavía podían contar lo ocurrido.

La duda me llevó hacia otro episodio: una operación antisubmarina desarrollada por la Marina de Guerra del Perú el 22 de septiembre de 1970, en aguas del sur peruano. Los diarios de navegación de las unidades participantes registran la detección de un submarino no identificado, la suspensión de los ejercicios, ataques efectivos con cargas de profundidad y erizos, manchas de aceite, objetos flotantes y una búsqueda que se prolongó durante varias horas.

Décadas después, esta historia sería divulgada como la Operación Cazador Matador o el Combate Naval de Ilo de 1970.

La conclusión más importante debe quedar clara desde el comienzo: los documentos aportados sí demuestran que existió un contacto submarino desconocido y que tres buques peruanos realizaron ataques efectivos contra él. Sin embargo, esos mismos diarios no identifican directamente al contacto como el submarino chileno SS-20 Thomson, ni prueban que fuera hundido o que hubiese bajas, eso vino luego…

Eso no debilita la historia. Al contrario: permite contarla con mayor rigor.


¿Qué fue el Combate Naval de Ilo de 1970?

El llamado Combate Naval de Ilo de 1970 fue una operación antisubmarina que comenzó durante unos ejercicios de la Marina de Guerra del Perú y terminó convirtiéndose en una acción real contra un contacto submarino desconocido.

Las unidades peruanas realizaban el ejercicio AU-7, correspondiente al evento 22-05, en las áreas navales próximas a Matarani. Participaban buques de superficie y tres submarinos peruanos. Durante la actividad debían detectarse, clasificarse y atacarse de manera simulada los blancos submarinos asignados.

El problema apareció cuando los buques de superficie obtuvieron contactos que no coincidían completamente con la ubicación y los movimientos de las unidades propias.

El documental sobre la Operación Cazador Matador explica el episodio mediante la imagen de un “cuarto submarino”: después de comparar los contactos con las posiciones de los tres submarinos peruanos, se habría determinado que otra nave permanecía sumergida en la zona. Esa reconstrucción sirve para entender la situación general, aunque los diarios presentan la secuencia de forma más fragmentaria, desde la perspectiva particular de cada buque.

Lo que sí aparece de manera indiscutible en las bitácoras es la expresión “submarino no identificado”, junto con órdenes para investigar el contacto y exigirle que se identificara.

El BAP Aguirre consignó a las 10:34 la detección de un submarino no identificado en la marcación verdadera 110°, a unas 18.000 yardas. El buque investigó el contacto y realizó ataques simulados, pero no obtuvo respuesta.

Más tarde, el BAP Villar clasificó otro contacto como posible submarino desconocido. El BAP Abtao, uno de los submarinos peruanos participantes, anotó a las 11:40 que el DD-71 —el Villar— había informado de una estación desconocida en inmersión. También registró que se le ordenó identificarse y se le advirtió que, de no hacerlo, sería atacada con cargas de profundidad.

Por eso, llamar al episodio “combate” no es una exageración puramente periodística. A partir del mediodía dejaron de realizarse únicamente ataques simulados: las bitácoras comenzaron a registrar ataques efectivos, cargas reales y armamento antisubmarino lanzado sobre el contacto.

Combate naval, incidente naval u operación antisubmarina

Las tres expresiones se utilizan para describir el caso, pero no significan exactamente lo mismo.

“Combate Naval de Ilo” es el nombre más conocido y el que mejor responde a la manera en que el episodio ha sido divulgado. “Incidente naval de Ilo” resulta más prudente desde un punto de vista diplomático, porque no hubo una declaración de guerra entre Perú y Chile. “Operación antisubmarina” es posiblemente la descripción técnica más precisa de lo que reflejan las bitácoras.

La denominación Operación Cazador Matador pertenece a la reconstrucción posterior difundida mediante testimonios, simulaciones y documentos. No aparece, al menos en los diarios facilitados, como el nombre escrito de una orden operativa de 1970.

Por eso utilizaré los distintos términos según el contexto, sin fingir que todos poseen el mismo grado de respaldo documental.


¿El incidente de Ilo ocurrió en 1970 o en 1971?

Esta es la primera confusión que hay que resolver.

Numerosas publicaciones de internet llaman al episodio Incidente Naval de Ilo de 1971. Algunas reconstrucciones secundarias sitúan en ese año los ejercicios, los ataques contra el submarino y las posteriores conversaciones políticas entre los gobiernos de Juan Velasco Alvarado y Salvador Allende.

Sin embargo, los documentos primarios aportados para esta investigación ofrecen una fecha concreta y repetida:

Martes 22 de septiembre de 1970.

Esa fecha aparece en los diarios del BAP Aguirre, BAP Villar, BAP Guise, BAP Abtao, BAP Angamos y demás unidades que participaron en los ejercicios.

El diario del BAP Aguirre no solo lleva esa fecha en el encabezado; también registra a las 10:34 la detección del submarino no identificado, la asistencia al Villar, la mancha de aceite y el ataque efectuado durante la tarde.

El del BAP Abtao está fechado el mismo día y consigna los ejercicios en el área de Matarani, la existencia de una estación desconocida en inmersión y la advertencia de emplear cargas de profundidad.

El BAP Guise también inicia su historial con la fecha del 22 de septiembre de 1970 y describe la formación naval, el ejercicio antisubmarino y las acciones posteriores.

Cuando empecé a revisar estos registros, entendí que la discusión no podía resolverse repitiendo el año que aparecía en un artículo de Facebook o en un foro. Había que ir a la documentación de las unidades. Y, en ese nivel, la fecha de 1970 es mucho más sólida.

¿De dónde pudo surgir 1971?

Existen varias posibilidades.

La primera es una confusión producida por relatos publicados muchos años después. Cuando una historia pasa durante décadas de la memoria oral a la prensa y de allí a foros y redes sociales, las fechas pueden desplazarse.

La segunda es que algunos relatos políticos hayan colocado el incidente en 1971 porque para entonces Salvador Allende ya ejercía formalmente la presidencia de Chile. En la recopilación documental aportada se reproduce una versión atribuida a Augusto Zimmermann, secretario de prensa de Velasco, según la cual existió un incidente serio en el que un submarino chileno fue atacado entre Ilo y Matarani. Ese relato lo ubica en 1971.

La tercera posibilidad es que distintos incidentes o actividades de inteligencia naval de aquellos años hayan terminado mezclándose en una sola narración.

No tenemos que escoger entre el testimonio político y las bitácoras como si uno de ellos debiera ser completamente falso. Zimmermann pudo recordar el episodio con una fecha aproximada o relacionarlo con gestiones diplomáticas posteriores.

Lo razonable es establecer una jerarquía de fuentes: para conocer el día de la acción naval, los diarios de navegación contemporáneos tienen mayor peso que una reconstrucción publicada décadas después, ellos por si mismos constituyen un documento oficial.

Por eso, en este artículo empleo la denominación Combate Naval de Ilo de 1970 y sitúo la acción principal el 22 de septiembre.


Los buques peruanos y el escenario del ejercicio antisubmarino

La operación no fue protagonizada por un solo destructor que casualmente encontró un submarino. Formaba parte de un despliegue naval organizado, con unidades de superficie, submarinos y una estructura de mando.

Entre los buques mencionados en las bitácoras se encontraban:

UnidadTipo o función durante el ejercicio
BAP Coronel BolognesiBuque guía y unidad de mando de la formación
BAP VillarDestructor y principal atacante inicial
BAP GuiseDestructor; investigó el petrolero y atacó durante la fase final
BAP AguirreDestructor escolta; detectó contactos y realizó ataques
BAP CastillaBuque integrante de la cortina antisubmarina
BAP AbtaoSubmarino peruano participante
BAP AngamosSubmarino peruano participante
BAP Dos de MayoSubmarino peruano participante

El BAP Coronel Bolognesi registra que, durante la mañana, se formó una cortina antisubmarina con el Villar, el Guise, el Castilla y el Aguirre distribuidos en distintas estaciones alrededor del buque guía.

La finalidad de una cortina de este tipo era cubrir un área amplia y detectar mediante sonar cualquier submarino que intentara aproximarse. Cada unidad ocupaba una estación y recorría un sector definido. Los contactos se comunicaban al mando para que pudieran clasificarse y, en un ejercicio, atacarse de forma simulada.

Los submarinos peruanos actuaban como blancos o adversarios de entrenamiento. Por eso era fundamental conocer su posición, ordenarles emerger cuando surgiera una duda y evitar atacarlos con armamento real.

El diario del Abtao permite observar cómo se desarrollaba el ejercicio desde abajo. La nave entró en inmersión, descendió a diferentes profundidades, navegó con snorkel y maniobró para encontrar una posición de ataque. Cuando el Villar informó sobre una estación desconocida, el ejercicio fue terminado y el Abtao recibió la orden de salir a superficie.

Este detalle es esencial: las unidades propias fueron sacadas del agua o identificadas para despejar el área. No se trató simplemente de que un sonarista escuchara un ruido y alguien decidiera lanzar explosivos.

El BAP Guise registró a las 11:28 la orden de que todos los submarinos salieran a superficie. Cinco minutos antes, el Villar había comunicado que mantenía contacto con un submarino no identificado.

En el documental, uno de los participantes recuerda ese momento: al personal se le informó que ya no estaban ante un ejercicio ordinario, sino ante un zafarrancho de combate. Los testimonios describen la transición como algo rápido, pero no caótico. La tripulación conocía sus procedimientos y sabía qué debía hacer.

Cuando hablé con quienes todavía recordaban la operación, esa fue una de las ideas que más se repetía. El cambio decisivo no consistió en aprender una maniobra nueva en medio de la emergencia. Consistió en ejecutar con armamento real aquello que habían practicado muchas veces.

Uno de los veteranos lo resumió con una frase perfecta:

“Una pieza de relojería”.

Destructor BAP Villar

El cuarto submarino y el inicio de la cacería

La imagen del “cuarto submarino” es la manera más sencilla de explicar el misterio, pero conviene reconstruirla paso a paso.

Los buques peruanos sabían que tres submarinos propios participaban en el ejercicio. Durante la mañana se produjeron varios contactos y ataques simulados. Algunos blancos fueron identificados correctamente; otros datos no coincidieron con las posiciones comunicadas por las unidades peruanas.

A las 10:34, el BAP Aguirre registró un submarino no identificado a 18.000 yardas. El buque se aproximó y efectuó ataques simulados, pero no recibió respuesta. Después volvió a su estación en la formación.

A las 11:23, según el diario del Guise, el BAP Villar comunicó que tenía un contacto submarino no identificado. El mando le ordenó investigar e informar. Cinco minutos más tarde, todos los submarinos propios fueron llamados a superficie.

El Abtao registró la misma situación desde su perspectiva. A las 11:40, anotó que el DD-71 informaba de una estación desconocida en inmersión y que se había ordenado repetidamente su identificación bajo advertencia de ataque. A las 11:46, el Abtao ya se encontraba en superficie.

Esta coincidencia entre diarios independientes es uno de los puntos más fuertes de la investigación.

No estamos ante un relato tardío en el que todos recuerdan exactamente la misma frase. Estamos ante unidades distintas que anotaron aspectos complementarios:

  • El Aguirre detectó un submarino no identificado.
  • El Villar mantuvo un contacto y lo clasificó como posible submarino desconocido.
  • El Guise recibió la comunicación y registró las órdenes del mando.
  • El Abtao escuchó la advertencia y salió a superficie.
  • El Angamos anotó que el ejercicio se suspendió por la existencia simultánea de un contacto submarino desconocido y un buque tanque chileno en las inmediaciones.

El Villar continuó maniobrando alrededor del contacto. En su diario, la unidad aparece a las 12:00 “evolucionando” en torno a un posible submarino desconocido, en una posición consignada aproximadamente como 17°35′ sur y 74°25′ oeste.

A las 12:02 llegó la anotación que marcó el cambio definitivo:

Se procede a efectuar ataques efectivos.

Esa frase es más importante que cualquier título dramático publicado décadas después. Significa que la unidad ya no estaba simulando el lanzamiento ni calculando una solución de ataque para fines de entrenamiento. Había recibido órdenes y estaba preparando armas reales.

Los testimonios del documental añaden la dimensión humana: se intentó llamar al contacto mediante el sistema de comunicación submarina, no hubo respuesta y los operadores continuaron viéndolo en sus pantallas. La reconstrucción sostiene que se solicitó autorización a Lima y que la respuesta fue favorable.

La bitácora no reproduce una conversación política ni una orden de la capital palabra por palabra. Lo que confirma es el resultado operativo: a las 12:07 comenzó el ataque.


SS 20 Thomson (armada Chilena)

Cronología del ataque: Villar, Aguirre y Guise

La mejor forma de comprender la Operación Cazador Matador es seguir las horas registradas por las propias unidades.

El ataque inicial del BAP Villar

A las 12:07, el BAP Villar lanzó una carga de profundidad MK-9 graduada a 200 pies.

Cuatro minutos después todavía mantenía contacto por sonar. La unidad redujo velocidad y preparó los proyectores de erizos antisubmarinos.

A las 12:19, disparó 24 erizos.

Los erizos eran proyectiles lanzados por delante del buque en un patrón destinado a rodear el área estimada del blanco. A diferencia de una carga de profundidad convencional, que explotaba a una profundidad programada, estos proyectiles estaban diseñados para detonar al producirse el contacto.

A las 12:30, el Villar volvió a obtener contacto a unas 1.300 yardas.

A las 12:34, realizó otro ataque con una carga MK-9, también graduada a 200 pies.

A las 12:53, disparó una segunda salva de 24 erizos.

A las 12:54, perdió el contacto e inició una búsqueda cercana.

El diario del BAP Guise coincide con la secuencia general. Anota que el Villar disparó cargas, efectuó un segundo ataque y posteriormente informó sobre la presencia de manchas de aceite en un radio aproximado de cien yardas.

Los veteranos describen las explosiones como golpes capaces de sacudir incluso al buque atacante. La onda expansiva movía indicadores, afectaba los equipos y obligaba al personal de ingeniería a vigilar presiones, temperaturas y posibles averías propias.

Uno de los testimonios recuerda el temor de que una carga lanzada demasiado cerca pudiera dañar las hélices del mismo destructor. Otro cuenta que el ruido del contacto comenzó a cambiar: dejó de escucharse como una maquinaria regular y aparecieron chirridos que ellos interpretaron como señales de daño.

La intervención del BAP Aguirre

El BAP Aguirre solicitó autorización para asistir al Villar y a las 12:31 se dirigió hacia la zona. Dos minutos más tarde estableció zafarrancho de guerra antisubmarina y preparó sus cargas.

A las 13:10, detectó un posible contacto submarino y observó una extensa mancha de aceite. Después ejecutó planes de búsqueda DUO junto al Villar.

A las 14:32, el Aguirre comenzó su ataque.

Su bitácora indica que la primera carga fue lanzada, la segunda no explotó y la tercera detonó a las 14:44. Las cargas habían sido graduadas a profundidades de 150, 100 y 120 pies.

El diario del Villar registra la misma intervención con una ligera diferencia horaria: a las 14:40 consigna que el Aguirre efectuó el lanzamiento de dos cargas; cinco minutos después perdió contacto y comenzó la búsqueda DUO, con el Aguirre como buque director y el Villar como asistente.

Estas pequeñas diferencias no son necesariamente contradicciones. Cada diario podía anotar el momento de la orden, del lanzamiento, de la explosión o de la comunicación recibida.

A las 15:09, el Villar observó una mancha alargada de aceite y dos cajas flotando. Maniobró para recogerlas y tomar muestras. A las 15:40 recuperó una caja y obtuvo una muestra del aceite.

El documental añade que las muestras habrían sido remitidas al Servicio Industrial de la Marina y que un laboratorio confirmó que correspondían a combustible. Este detalle procede del testimonio de los participantes; entre los archivos aportados no aparece el informe técnico del laboratorio.

El ataque final del BAP Guise

La operación no terminó con el Aguirre.

A las 16:41, el BAP Guise obtuvo un contacto por sonar a unas 3.500 yardas y comenzó a maniobrar.

A las 17:06, lanzó dos cargas de profundidad graduadas a 250 y 300 pies sobre un contacto clasificado como posible submarino. La bitácora describe eco metálico, doppler alto, rumbo aproximado de 180° y una velocidad estimada de dos nudos.

A las 17:25, el Guise reatacó con doce erizos.

A las 17:30, lanzó otras dos cargas de profundidad.

Un minuto después perdió contacto.

A las 17:59, dio por terminada una búsqueda DUO al comprobar que otro contacto resultaba falso. La búsqueda general continuó hasta las 18:24, cuando se dio por concluida sin resultados positivos.

El detalle final importa: el submarino no apareció en superficie ni fue observado hundiéndose. El contacto se perdió y la fuerza continuó buscando.

Lo que ocurrió debajo del agua solo puede inferirse a partir de los ruidos, las manchas, los objetos recogidos y la conducta posterior del contacto.


El petrolero chileno Almirante Montt: hecho documentado e hipótesis

Mientras los buques peruanos investigaban el contacto submarino, apareció otro elemento que aumentó las sospechas: un petrolero de la Armada de Chile navegaba cerca de la zona.

El BAP Angamos registró durante la mañana un buque tanque chileno, identificado en su transcripción como ACH-52 Araucano. A las 11:55 dejó constancia de que el ejercicio había sido suspendido porque existía un contacto submarino no identificado y un petrolero chileno en las inmediaciones.

El diario del BAP Guise aporta una identificación diferente y mucho más detallada. A las 13:40 determinó que el contacto Alfa era el petrolero Almirante Montt, AO-52, de la Armada de Chile.

El Guise navegó en paralelo a una distancia aproximada de 140 pies y solicitó al petrolero su identidad, puerto de salida, destino y otros datos. El buque declaró viajar desde Tocopilla hacia Rodman, en la zona del Canal de Panamá, al mando del capitán de navío Ernesto Bertch.

La discrepancia entre “Araucano” y “Almirante Montt” puede deberse a un error en la transcripción del diario del Angamos, una identificación provisional o la presencia de más de una denominación en las comunicaciones. La información más concreta del Guise favorece la identificación como Almirante Montt.

Cuando conocí este detalle, entendí por qué para los participantes la situación resultaba tan sospechosa. Un submarino desconocido en inmersión y un petrolero militar chileno en las proximidades parecían demasiada coincidencia.

Pero una investigación seria no puede convertir automáticamente esa sospecha en un hecho demostrado.

La bitácora confirma:

  • La presencia del petrolero.
  • Su pertenencia a la Armada de Chile.
  • Su proximidad al área de operaciones.
  • La inspección y el intercambio de comunicaciones.
  • Su ruta declarada.

No confirma que el petrolero estuviera abasteciendo, guiando o apoyando al submarino.

Un submarino de la época podía necesitar apoyo logístico, información meteorológica o asistencia para una misión prolongada, pero también era posible que un petrolero chileno estuviera cumpliendo simplemente el tránsito que declaró.

La coincidencia es relevante porque forma parte del contexto operacional. No constituye, por sí sola, una prueba de coordinación.

Esta distinción es importante porque muchas reconstrucciones convierten al petrolero en una especie de nave nodriza sin mostrar el documento que lo demuestre. La mejor manera de contar el episodio no es exagerarlo, sino permitir que el lector vea por qué los comandantes peruanos lo consideraron digno de investigación.


Manchas de aceite, cajas flotantes y el mensaje de la nave herida

Después de los ataques aparecen tres elementos que suelen utilizarse para sostener que el submarino resultó seriamente averiado:

  1. Los cambios en el ruido de sus hélices.
  2. Las manchas de aceite.
  3. Los objetos recuperados en la superficie.

Los testimonios del documental señalan que los sonaristas comenzaron a escuchar chirridos y un funcionamiento irregular. Para quienes operaban el equipo, aquello indicaba que alguna parte mecánica había sido dañada.

La interpretación es razonable, pero no equivale a una inspección del submarino. El sonido pudo estar relacionado con daños, maniobras evasivas, variaciones en la velocidad o interferencias acústicas.

Las manchas poseen un respaldo documental más fuerte.

El Aguirre anotó a las 13:10 la presencia de una mancha de aceite de grandes dimensiones. El Guise registró que el Villar había informado sobre aceite en un radio de cien yardas. El propio Villar consignó a las 15:09 una mancha alargada y dos cajas cuya procedencia debía investigarse.

Aun así, una mancha de aceite no demuestra automáticamente que un submarino haya sido hundido. En operaciones antisubmarinas podían existir residuos de otros buques, contaminación previa o incluso elementos destinados a confundir al perseguidor.

La combinación de aceite, cajas y ruido irregular sí eleva la probabilidad de que el contacto sufriera algún tipo de daño. Lo que no permite determinar es su gravedad exacta.

“Hermana, comunica a madre que estoy gravemente herida”

El episodio más inquietante aparece en el recuerdo de los veteranos.

Durante la operación se habría escuchado por la red primaria un mensaje repetido dos veces:

“Hermana, hermana, comunica a madre que estoy gravemente herida”.

Los participantes lo interpretaron como una comunicación en clave. La “hermana” sería otra unidad; la “madre”, el mando o la base; y la nave “gravemente herida”, el submarino atacado.

En algunas versiones posteriores, la frase cambia ligeramente: “Mamá, mamá, Isabel se encuentra gravemente herida”. La recopilación abierta vincula ese mensaje con el repliegue de los buques peruanos y con supuesta información obtenida después sobre un submarino que habría ingresado averiado en Talcahuano.


Destructor BAP Guise

¿El submarino atacado era el SS-20 Thomson?

Esta es la pregunta que convierte el incidente documentado en una controversia histórica.

Las bitácoras peruanas hablan de un submarino no identificado. No escriben “Thomson”, “Armada de Chile” ni un numeral específico para el contacto sumergido.

La identificación del SS-20 Thomson aparece en investigaciones y relatos posteriores.

El Thomson había sido anteriormente el USS Springer, un submarino estadounidense de la clase Balao transferido a Chile. La recopilación aportada lo presenta como uno de los dos submarinos chilenos de ese tipo, junto con el Simpson, y atribuye al Thomson la incursión en aguas peruanas.

La hipótesis se apoya en varios indicios:

  • Chile tenía submarinos capaces de realizar una misión de esa naturaleza.
  • Un petrolero de su Armada estaba cerca del área.
  • El contacto se desplazó hacia el sur.
  • Existieron manchas de aceite y señales acústicas interpretadas como daños.
  • Algunas fuentes peruanas sostienen que posteriormente se supo de la llegada de un submarino averiado a Talcahuano.
  • El historial posterior del Thomson presenta versiones poco claras sobre su actividad, reserva y desguace.
  • No se le asignó presupuesto para volverlo a la actividad
  • Se tiene conocimiento que para despistar a las fuentes de intelignecia se le cambiaba el numero de casco para que fuese visto y no despertar sospechas

La documentación secundaria recopilada señala que el Thomson figura formalmente dado de baja en 1981, aunque otras referencias sostienen que ya estaba desguazado antes de 1978 o en condición de reserva activa desde 1973.

La recopilación abierta afirma que inteligencia naval peruana conoció la llegada a Talcahuano de un submarino con averías extremas y posibles bajas, incluidas las de dos oficiales.

Por eso clasificaría las conclusiones de esta manera:

AfirmaciónGrado de respaldo
Hubo un contacto submarino desconocidoDocumentado en varias bitácoras
Se realizaron ataques realesDocumentado
Se observaron manchas de aceite y cajasDocumentado
El contacto probablemente sufrió dañosIndicio fuerte y testimonio
El submarino pertenecía a ChileHipótesis consistente, no identificada en las bitácoras
Era el SS-20 ThomsonReconstrucción posterior
Hubo bajas chilenasNo confirmado con documentación nominal
El Thomson fue hundidoContradicho por la propia narración de su retirada; no demostrado
Logró escapar averiado hacia el surInterpretación compatible con los registros

La formulación más rigurosa sería:

El contacto atacado en el incidente de Ilo pudo haber sido el submarino chileno Thomson, pero los documentos disponibles no permiten considerarlo definitivamente identificado.

Esa prudencia no elimina el mérito de los marinos peruanos. Ellos detectaron, clasificaron, atacaron y persiguieron un contacto real. Su trabajo no depende de que décadas después nosotros podamos ponerle un nombre con absoluta certeza.


Combate de Marga Marga: el submarino peruano que nadie pudo identificar

Mi interés inicial no nació directamente del incidente de Ilo. Comenzó con la historia del supuesto submarino peruano hundido frente a Valparaíso.

Según distintas versiones, Chile habría detectado y destruido un submarino peruano que realizaba una operación clandestina. Algunas narraciones le atribuyen los nombres Áncash o Rímac; otras lo identifican con un inexistente numeral 47. La cantidad de tripulantes también cambia.

Cuando empecé a investigar, me encontré con un problema básico: nadie podía mostrar la nave desaparecida dentro del inventario peruano.

La documentación recopilada incluye una respuesta institucional según la cual la Flotilla de Submarinos contaba en 1976 con ocho unidades operativas, respaldadas por bitácoras e informes de alistamiento. Ninguna habría tenido reparaciones, ausencia o movimientos compatibles con un hundimiento. También se afirma que no existía un submarino peruano con numeral 47.

El factor humano resulta todavía más difícil de explicar.

Una nave de aquel tipo habría llevado aproximadamente entre cuarenta y setenta tripulantes. No existe una relación comprobada de submarinistas desaparecidos en la fecha atribuida al supuesto combate. Tampoco se documenta una actividad prolongada con viudas, padres, hijos o hermanos de una dotación que nunca regresó.

La respuesta peruana examinó incluso los nombres de tres oficiales que habían sido presentados como supuestas víctimas. De acuerdo con el documento, dos habían fallecido en accidentes de tránsito en 1974 y otro murió en 1972 durante funciones de guardacostas en el lago Titicaca. Ninguno era submarinista.

En mi caso, siempre volvía a la misma pregunta: aunque un gobierno pudiera ocultar una operación, ¿cómo ocultaría durante décadas a cincuenta familias preguntando por sus desaparecidos?

A eso se suma el problema material.

Un submarino hundido cerca de Valparaíso sería un objetivo extraordinario para investigaciones hidrográficas, expediciones con vehículos remotos, buzos técnicos o proyectos históricos. Chile posee una larga tradición de conservación y exhibición de trofeos y episodios navales. Resulta extraño que no se haya presentado una localización verificable de la nave, imágenes del casco, restos recuperados o coordenadas.

La ausencia de esos elementos no demuestra matemáticamente que nada ocurriera. En historia, la falta de evidencia no siempre equivale a evidencia de inexistencia. Sin embargo, cuando una afirmación extraordinaria implica la desaparición de un buque militar y toda su tripulación, la carga de la prueba corresponde a quienes la sostienen.

La versión de Marga Marga debería responder, como mínimo:

  • Qué unidad peruana fue hundida.
  • En qué fecha y hora exacta.
  • Quiénes componían su dotación.
  • Por qué continuó apareciendo en registros posteriores o qué nave ocupó su lugar.
  • Dónde se encuentra el pecio.
  • Qué documentos chilenos contemporáneos describen la acción.
  • Cómo se gestionó la desaparición de decenas de personas.

Frente a esa falta de elementos, el incidente de Ilo presenta una diferencia enorme: existen bitácoras de varias unidades peruanas que coinciden en un contacto desconocido y en el empleo de armamento real.

Ilo no necesita inventarse para contrarrestar Marga Marga. Tiene documentos propios.


Destructor BAP Aguirre

Cómo se reconstruyó la Operación Cazador Matador

Durante décadas, los participantes hablaron poco o nada públicamente sobre lo sucedido. Eso no es extraño en una operación militar delicada desarrollada en un periodo de tensión regional.

El documental sostiene que en 2013 la Marina de Guerra del Perú volvió a reunir elementos de la historia mediante bitácoras oficiales, simulaciones tácticas y testimonios de quienes habían participado.

Mi trabajo consistió en seguir esa misma lógica: no quedarme únicamente con la memoria oral ni únicamente con una hoja de bitácora aislada.

Los diarios de navegación son extraordinariamente valiosos porque fueron escritos durante las guardias y registran horas, rumbos, distancias, órdenes, contactos y lanzamientos. Pero tampoco son una narración completa. Cada buque veía una parte del escenario y anotaba aquello que afectaba a su propia operación.

Los testimonios llenan algunos vacíos: explican qué sentía la tripulación, cómo se interpretaba un ruido, qué conversaciones se produjeron y por qué determinadas órdenes resultaron decisivas. Al mismo tiempo, la memoria puede mezclar horarios, comprimir sucesos o incorporar información conocida años después.

Las fuentes secundarias ayudan a seguir el historial del Thomson, el contexto político y la aparición pública de distintas versiones. Son útiles, pero requieren más precaución porque algunas se basan en foros, artículos sin documentación primaria o relatos transmitidos varias veces.

Por eso organicé la evidencia en cuatro categorías:

1. Hechos documentados

Son las acciones que aparecen directamente en los diarios:

  • Ejercicio antisubmarino.
  • Contacto no identificado.
  • Orden de que los submarinos peruanos emergieran.
  • Ataques efectivos.
  • Lanzamiento de cargas y erizos.
  • Manchas de aceite.
  • Recuperación de una caja y muestras.
  • Presencia del petrolero chileno.
  • Búsqueda prolongada del contacto.

2. Testimonios directos

Son los recuerdos de quienes afirman haber estado presentes:

  • El cambio de ejercicio a combate.
  • Los efectos de las explosiones en los buques.
  • Los chirridos del contacto.
  • La comunicación sobre la nave “gravemente herida”.
  • La sensación de haber actuado como un equipo perfectamente entrenado.

3. Información posterior

Incluye datos que los participantes o investigadores dicen haber conocido después:

  • Entrada de un submarino averiado en Talcahuano.
  • Supuestas reparaciones.
  • Posibles bajas.
  • Identificación como Thomson.
  • Análisis de las muestras de combustible.

4. Hipótesis

Son conclusiones plausibles, pero no definitivamente probadas:

  • Que el petrolero apoyaba la incursión.
  • Que el submarino estudiaba las condiciones acústicas de las aguas peruanas.
  • Que la reducción de actividad del Thomson fue consecuencia directa del ataque.
  • Que el mensaje interceptado procedía del mismo contacto.
  • Que existió un acuerdo político para ocultarlo.

Esta clasificación no busca enfriar la historia. Busca protegerla.

Cuando una investigación distingue lo que sabe de lo que supone, gana autoridad. Y, en este caso, los hechos comprobados ya son suficientemente excepcionales.


Lo que ocurrió realmente frente a Ilo

Después de revisar los documentos y escuchar a los veteranos, mi reconstrucción es la siguiente.

El 22 de septiembre de 1970, unidades de la Marina de Guerra del Perú realizaban ejercicios antisubmarinos en el área marítima del sur. Durante la mañana, el BAP Aguirre detectó un submarino no identificado y no obtuvo respuesta a sus ataques simulados.

Más tarde, el BAP Villar localizó y mantuvo un contacto clasificado como posible submarino desconocido. El ejercicio fue suspendido, los submarinos peruanos recibieron la orden de salir a superficie y el contacto restante fue advertido para que se identificara.

Al no obtener una respuesta, el Villar inició ataques efectivos. Entre las 12:07 y las 12:53 lanzó cargas de profundidad y dos salvas de erizos.

El Aguirre acudió a la zona, detectó un posible contacto junto a una gran mancha de aceite y efectuó otro ataque durante la tarde.

El Villar observó posteriormente aceite y cajas flotantes, recogió una de ellas y obtuvo muestras.

El Guise investigó al petrolero chileno Almirante Montt y luego se incorporó nuevamente a la cacería. Entre las 17:06 y las 17:30 atacó con cargas y erizos a un contacto que presentaba características compatibles con un submarino moviéndose lentamente hacia el sur.

A las 17:31 se perdió el contacto. La búsqueda continuó hasta las 18:24 y terminó sin resultados positivos.

Es posible que el submarino escapara averiado. La presencia de aceite, objetos y ruidos irregulares respalda esa hipótesis.

Es posible que fuera chileno, especialmente por la presencia del petrolero y por las informaciones posteriores.

Es posible que fuera el Thomson.

Pero los registros aportados no permiten afirmar categóricamente su identidad, la magnitud de sus daños ni la existencia de bajas.

La gran historia no es que Perú hundiera secretamente un submarino y borrara toda evidencia. La gran historia es más concreta y, para mí, más impresionante: una fuerza naval que se encontraba entrenando detectó una amenaza inesperada, logró separar a sus propias unidades, obtuvo autorización, pasó de la simulación al fuego real y ejecutó durante horas una operación coordinada.

Los veteranos no recuerdan improvisación ni pánico. Recuerdan entrenamiento.

Uno de ellos explicó que la diferencia era sencilla: en lugar de realizar un ataque simulado, lanzaron las cargas de verdad. Otro dijo que todo el mundo sabía qué debía hacer.

Esa es la esencia de la Operación Cazador Matador.

No hace falta adornarla con certezas que los documentos no ofrecen. La coincidencia entre bitácoras de distintos buques demuestra que el incidente existió. Los testimonios permiten sentir cómo se vivió. Las preguntas sobre el Thomson mantienen abierta la investigación.


Conclusión

El Combate Naval de Ilo de 1970 no es solamente una historia transmitida por veteranos o una respuesta nacionalista al supuesto combate de Marga Marga.

Los diarios del BAP Aguirre, BAP Villar, BAP Guise, BAP Abtao y BAP Angamos construyen una secuencia coherente:

  • Se detectó un submarino desconocido.
  • Los submarinos peruanos fueron identificados y salieron a superficie.
  • El ejercicio fue suspendido.
  • El contacto no respondió.
  • Se realizaron ataques efectivos.
  • Aparecieron manchas de aceite y objetos flotantes.
  • Tres unidades participaron en diferentes fases del ataque.
  • El contacto terminó perdiéndose mientras se desplazaba hacia el sur.

Eso es lo que podemos afirmar con seguridad.

La identificación del submarino como el SS-20 Thomson es una hipótesis con indicios interesantes, pero todavía necesita documentos chilenos contemporáneos, informes de reparación, registros del astillero de Talcahuano o testimonios identificados de su dotación, que eviendentemente nunca saldrían a la luz.

Las supuestas bajas tampoco deben tratarse como un hecho mientras no exista una relación nominal o documentación equivalente.

Al comenzar esta investigación yo quería saber qué había de cierto en la historia de un submarino peruano supuestamente hundido frente a Valparaíso. Terminé encontrando algo distinto: no un submarino peruano desaparecido sin nombre, tripulación, ni pecio, sino una operación peruana registrada hora por hora en los diarios de varios buques.

La historia más fuerte no siempre es la que grita más. A veces es la que resiste cuando se comparan las fuentes.

Y esta resiste.


Preguntas frecuentes sobre el Combate Naval de Ilo

¿El Combate Naval de Ilo ocurrió en 1970 o en 1971?

Los diarios de navegación aportados están fechados el martes 22 de septiembre de 1970. La fecha de 1971 procede de relatos y publicaciones posteriores.

¿Qué buques atacaron al submarino desconocido?

Los ataques efectivos principales fueron realizados por el BAP Villar, el BAP Aguirre y el BAP Guise.

¿Qué armas emplearon?

Se lanzaron cargas de profundidad MK-9 y proyectiles antisubmarinos conocidos como erizos. El Villar disparó dos salvas de 24 erizos; el Guise registró también un ataque con doce proyectiles.

¿El submarino fue hundido?

No existe evidencia documental suficiente para afirmar que se hundió. Los registros indican pérdida de contacto, manchas de aceite, objetos flotantes y búsqueda sin resultados.

¿Resultó averiado?

Es probable. Los sonaristas recordaron ruidos irregulares y chirridos, mientras que las bitácoras consignaron aceite y cajas flotantes. La gravedad de los daños no puede determinarse.

¿Era un submarino chileno?

Es una hipótesis consistente, pero las bitácoras solo lo llaman “submarino no identificado”. La presencia de un petrolero de la Armada de Chile refuerza las sospechas, aunque no demuestra su nacionalidad.

¿Era el SS-20 Thomson?

El Thomson es el candidato señalado por investigaciones posteriores. No aparece identificado por ese nombre en los diarios de los ataques.

¿Hubo muertos chilenos?

Algunos relatos posteriores hablan de bajas, pero no se ha aportado una lista nominal, parte médico ni documento chileno que las confirme.

¿Qué papel tuvo el Almirante Montt?

El petrolero chileno se encontraba en las inmediaciones y fue identificado e interrogado por el BAP Guise. Su participación como apoyo del submarino es una hipótesis, no un hecho demostrado.

¿Qué fue la Operación Cazador Matador?

Es el nombre con el que se ha divulgado y reconstruido el incidente antisubmarino de 1970 mediante bitácoras, testimonios y simulaciones.

¿Es real el combate de Marga Marga?

No se ha presentado evidencia suficiente para demostrar que Chile hundió un submarino peruano con toda su tripulación. Faltan una unidad identificable, una dotación desaparecida y un pecio verificado.

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